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La piel de la oruga

POEMAS

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La piel de la oruga

 

Así como la ninfa

yo también tejía

ese capullo negro

en el corazón de la noche

del derrumbe

 

trenzaba los hilos

de mis largos cabellos

alrededor de tus dedos

 

ya estaban humedecidos

de tanto escarbar en mi nombre

caído en esa grieta de luz

que unía y separaba tus labios

de los míos

 

no usabas alianza en ese dedo

pero mis hilos

quizás demasiado frágiles

aún se cortaban

a la tercera vuelta

 

y tenía que volver a empezar

como si yo también cayera

del borde de tu tiempo

 

Así como la ninfa

yo también

me bajaba despacio

el vestido como la piel

de la oruga deslizándose

hasta tocar ese final de cuento

anunciado hasta el hartazgo

 

y aún así

igual que ella

vi con horror la pausa

el vestido,

muerto en la mitad

del cuerpo,

descubriendo a medias

lo sensual, lo trágico

del amor

cuando no se termina.

***

Yo dije el mar

 

Una vez yo dije el mar

y estábamos desnudos

vos y yo

como dentro de una caja de zapatos

con algunos orificios

para el aire

 

lo recordé ayer

al bajar del colectivo

que me deja justo

frente al hospital

del cáncer

 

esperando un cambio de luz

para cruzar la calle

vi la playa

tan vacía como antes

esa tarde

bajo el peso de tu cuerpo

 

un paraguas destrozado

como un ave marina

que deja sobre la arena una huella

a la par que la borra

 

mientras la piel

pegada a los huesos

varillas de metal que sostienen

la lluvia, se agujerea como tela

del color de la carne de un molusco

 

ahí estaba

un paraguas caído

cadáver de alas abiertas

en medio de la calle el dolor

de inventar otra vez

el recuerdo del mar

 

yo dije el mar

como podría haber dicho

la cama

con las sábanas revueltas

como espuma.

***

Una polilla en el viento

 

                    A Polillo

 

Te di una noche

la primera

para endurecerte

como los niños que cruzan

la cruda membrana de un rito

y se hacen hombres

 

La siguiente era el cielo

tu campo minado

 

temí dejarte volar

entre el polvo de artillería

acelerar tu caída, inevitable

el aterrizaje forzoso

sobre las nubes

quietito ahí, pinchado

como tantas luces desaparecidas

de los ojos insomnes de la ciudad

 

la tercera noche

fuiste libre

 

abrí tu jaula

extendí la sábana

del ocaso

todo ese horizonte

una promesa inmensa

pista de vuelo

sin mapa más que el instinto

un pálpito

 

te vi desaparecer

en esa hondura

radiante de oscuridad

con tu soledad, la mía

sabiendo que la última parada

sería tu muerte

lejos de mis manos

 

ovillado a los pies de la luna

acurrucado en la fría

caricia de la noche

quizás feliz

 

pero no importa, nada de eso

es cierto ya

porque esta noche volás

y no temés a las sombras

de las ramas desnudas

como garras monstruosas

 

con tu ala rota

emprendés ese viaje celeste

cargando tu esperma

la vida breve

 

porque esta noche volás

y ya sos parte

del viento.

***

Psyché

 

                        A Midori y Anastasios

 

Ya eran casi las cinco

del verano

la línea entre los postigos

se filtraba rosada, fulgurante

como una espada de luz

cortando con su filo la noche

desnudando las horas

sin sueño

 

se abría rechinando

la mañana fresca

amarilla

en su vaivén metálico

golpeaban inseguras las ventanas

como alas de la casa

demasiado pesadas

para este cuerpo frágil

 

de par en par las dejé

para oír mejor

el otro aleteo, desesperado

más verdadero

un grito que desconoce la lengua

como si el viento modelara la carne

con su soplo inocente

y aún supiera

algo del mal

 

así se agitaba la polilla

dentro de su jaula

volaban sus pelos, afuera

como las suaves plumas

de una guerra de almohadas

pero sin risas

 

también mujer, pariendo con dolor

agarrada a las rayas diamantinas

de su encierro

malherida, pujando fuerte

cada uno de sus huevos

a la vida

 

algunos sobre su abdomen

y yo con un pincel

que no pinta, otra caricia

dejándolos caer

de su vientre convulso

 

te dije no duermo si ella sufre

nunca vi la muerte, tan pegada

a la vida

 

es tan raro que la oruga

no sepa de polillas

de sus padres, de sus hijos

sólo de orugas y hojas

y se olvide

cuántas veces muere

cuántas vive

y después el letargo

en esa bóveda de oscuridad

 

se olvidan de sí, se creen orugas

como nosotros creemos ser niños, bellas, jóvenes

esclavos, enfermos, soldados

creen que siempre

van a ser orugas, y nada más

 

también nosotros

confiamos en eso

hasta que la muerte llega

definitiva

 

pero las polillas no conocen la muerte

sólo un puente

porque dejan la piel en la tierra

para subir al cielo, el cuerpo

una cáscara suave vacía

y volar todavía más alto

entre las nubes

donde no llega la vista

 

por eso mañana cuando encuentre

irreconocible un cuerpo

vivido y abandonado

al viento y su soplo

sabré que no es la muerte

sabré reír

 

sabré por qué las llaman psyché

como al alma

que huye rápido de una piel cansada

con ansias de llegar sin peso

al nuevo amanecer.

***

El día después de los humanos

 

Hablábamos

pero no por hablar

de la lluvia o el suicidio

sino para hacerlo

un poco menos difícil

estando en el aire

todo eso

 

mis codos

en el mantel de hule

pintado a la mesa

las tardes de calor,

el redoble metálico de tus dedos

desafinando otra canción pasada

de moda, pegadiza

pegajosa

como la tarde

 

dijiste que el día

después de los humanos

los leones se echarían al sol

en Central Park,

pensé la libertad

cuesta años

de encierro

 

dijiste también

que el verde cubriría el cemento

y treparían las hojas

los rascacielos,

pensé en los árboles

que vi talar

porque sus raíces rompen

las veredas y los desvíos

son peligrosos

 

el día después

de los humanos

el sol inicia su descenso

y las sombras

en el agua se mueven

del color de la sangre y tiemblan

hasta ahogarse

o aprender a nadar

 

dijiste me gusta

fingir el fin del mundo

para morir un rato

en el cuerpo de otra mujer

 

pensé el fin del mundo

es todos los días

para el león

que ve caer al sol

en su jaula, para la hoja

que se desprende

del árbol y también

para el amante y lo que arranca

de sus ojos la lluvia

el día después

del amor.

***

Pasaje

 

Una polilla se apagaba

se dejaba estrangular por las horas

agarrada a la pared de la sala de hospital

donde los vientres

estaban a punto de abrirse

 

supe que aun con su agonía a cuestas

quizás debido a ella

era todavía parte del mundo

porque al tocarla con mis yemas sentí

la gamuza de su cuerpo

recibirme humana

en su ser de insecto

 

¿te conté que antes de morir,

cuando no se aparean,

se vacían el útero de huevos

que están vacíos?

 

Estaba en eso cuando la acosté en mi mano

y el suyo era un cuerpo en coma

que reconocía la piel

con un profundo silencio

 

¿te dije que sus alas huelen como el polvo

acumulado sobre los muebles

después de una larga ausencia?

 

¿que es preciso desplegar muy grandes

los párpados para ver el salto inaugural

que la devuelve añeja, recién nacida

a la caricia del crepúsculo

guiando su último vuelo

de regreso a la tierra?

 

«La piel de la oruga»

Viajero Insomne, 2016

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