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Presentación

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No voy a intentar desentrañar aquí la historia que nos cuenta the Joke; mi última intención sería spoilear las claves de un libro de poemas que aún no ha sido leído por ustedes. Pienso  que hay que ser muy cuidadosos al reseñar u opinar sobre un libro de poesía: se debe aclarar que las observaciones son una perspectiva absolutamente propia e individual  y además son conjeturales; que uno cuando hace una reseña como esta no pretende develar claves ni secretos, sino acercar algunos elementos que la lectura en cuestión le propuso en forma de  reflexiones de lector.

 

Lo que primero me llamó la atención de este libro, fue el idioma en que fue escrito: cierta perplejidad, cierta duda. Duda y perplejidad que fueron despejadas apenas empecé a leerlo. Hago aquí un breve reflexión, que es la que hice en ese momento, sobre este tema.

 

El arte, y particularmente la poesía, es un impulso que no necesita justificación, ni en su forma, ni en su contenido; responde a una demanda que se resiste a las explicaciones. Uno refleja los eventos, los hechos que nos impactan en la forma y modo que ese mismo impacto creó al tocarnos. Especular sobre  las causas por las cuales un poeta aborda los temas con sus modalidades particulares, es no entender la génesis misma del proceso de la poesía, ese sumergirse en el “barro escencial” del que habla el poeta español Jose A. Valente. Ese “vertedero demencial” como también lo llama, es, básicamente,  intraducible. No porque no puedan versionarse los contenidos aquí volcados, las ideas e imágenes elaboradas en un sutil y agudo entramado de frases nacidas en una mente que ya se mira desde afuera de si misma, si no por el mismo motivo en que toda poesía es, en rigor, intraducible. Trato de explicarme.

 

Podemos entender a la poesía como el derramado de algo que se gesta al impulso de impresiones, percepciones o pensamientos que traen en si, no solo una estructura de conceptos, no solo la imaginería visual, sino también la resonancia, el esquema sonoro o musical que acompaña el nacimiento de todo poema. Y no somos los poetas quienes decidimos cómo ese derrame se produce. En lo más substancial, el poema es anterior a la participación del autor, por lo menos a su participación conciente, el poema “viene” “irrumpe” o “estalla” o todo esto a la vez. El poema al nacer ya tiene una voz, ya tiene un lenguaje. Y es este lenguaje el que no podemos traducir o alterar sin correr el riesgo de arruinar lastimosamente el hecho poético, de traicionarlo. Porque cualquier intento por modificar ese diapasón, ese esquema sonoro, esa música, pone en riesgo la integridad, la supervivencia misma del poema o de la serie de poemas que se estaban gestando. Digamos entonces que, en su origen, los textos de The Joke se “derramaron” en inglés. Digamos también que esto no es accidental: la sonoridad de ciertas frases está directamente vinculada al fraseado, a la voz y al ritmo de las imágenes del personaje de Arthur, ese excluido, mortificado, humillado y oprimido  personaje que compone genialmente Joaquin Phoenix. En definitiva, fue Arthur quien ofreció, desde su génesis, su principal recurso poético: el idioma; porque como la alegoría o la metáfora, la parábola o la fábula, el idioma puede ser un  recurso poético en si mismo.

 

Personalmente pienso ahora  que cualquier intento por escribir originalmente este libro en castellano, hubiera dado un resultado similar al de esos doblajes,  que nos alejan irremediablemente del “surrounding” (entorno) que la película ha intentado arrimarnos. En un film cuya contextualidad juega prácticamente el papel de un escenario teatral, esto hubiera resultado trágico. Todo el fraseado, la gestualidad vocal, el redoble cacofónico de ciertos vocablos, se hubiera perdido. Creo que Melisa mostró una  decisión, un criterio y un coraje admirables al persistir en su idea de utilizar al inglés, en tanto a idioma y en tanto a recurso poético. Y supongo que habrá luchado con no pocas objeciones  y dudas al respecto. Propias y ajenas. Esto, en lo que respecta a la concepción de este libro, con su original gestado y escrito en inglés.

 

The Joke es una reflexión, una continuidad y una versión. Pero es sobre todo una consecuencia. Cualquier hecho artístico trascendente, si es lo suficientemente significativo crea una onda expansiva, una serie de reacciones, de ecos que, por la relación que tiene el arte sobre el observador, lector, auditor o cual fuera la forma de recepción de ese hecho artístico, produce necesariamente replicas o como dije antes: consecuencias. La consecuencia más deseada por el artista es justamente provocar la creación de nuevas formas de expresión que lo reflejen y lo multipliquen, que el mensaje que intentaron comunicar se expanda y resuene en toda su amplitud y con el mayor alcance posible. En The Joke, el reflejo, la réplica del drama de Arthur, no se aleja demasiado de las fuentes; abreva de ellas, y las nutre con nuevos elementos. Por un lado, como ya dijimos, está el recurso del idioma. Por otro lado, nos encontramos con poemas que tienen una consistencia estética muy hermanada con el ambiente del film. La misma sensación opresiva, exasperante, por momentos sofocante. No es discursivo, no es tenuemente lírico: es vibrante, sonoro, de imágenes cortas y restallantes, es percusivo, es irritante. Y es letal. Melisa adopta, o mejor dicho, suscribe, el concepto estético de “colorear” lo sórdido, de que la expresión de desesperación sea la risa; que la máscara de la pena más honda exprese en la superficie, felicidad, análogamente a la manera en que las máscaras teatrales de ojos huecos que simbolizan la comedia en realidad transmiten la sensación de la más honda desolación. Esto  está presente, casi como una forma de inercia de la película, en este libro. Porque es así como la necesidad de expresión del marginal, del aislado por distinto, por molesto a los cánones, es empujado en forma casi espasmódica a una reacción que más que intentar un acto de resistencia conciente,  lo hace como un estertor, como un acto reflejo, inevitable y escencialmente autodestructivo. El único camino es llevar a su clown interior a su expresión más genuina: reírse trágicamente, patéticamente, de lo que no puede ni sabe cambiar. De esta cadena interminable de frustraciones nos habla The Joke de una manera estremecedoramente lúcida.

 

Como en un cuadro del pintor holandés Brueghel el Viejo, las escenas aparentemente dispersas o marginales de Joker, son puestas en foco, recuperadas para una observación más atenta, detalladas, desmenuzadas y luego vinculadas a la historia como elementos imprescindibles “those skinny dogs/fought for a bite in the back/of the alley” (esos perro flacuchos/peleaban por una mordida/en el fondo del callejón) o “you’ve been waiting for this moment/since forever/and you’re not at home to watch” (Has esperado este momento/ desde siempre/ y no estás en casa para verlo). Estas, como casi todas las escenas que aquí se recuperan en poemas y fragmentos de poemas, y que parecen eventos accesorios a la acción central, encierran en realidad, prácticamente cada una de ellas, casi todo el mundo simbólico de lo que esta historia, crudamente, nos acerca. Solo un espectador minucioso e incisivo como Melisa puede descubrir, abrir estas puertas a percepciones y reflexiones que irán penetrando capa por capa, los vericuetos de esta mente atribulada.

 

Es a partir de esto elementos, que yo tomo aquí como un observador más, que se despliega una obra como The Joke. Y es en este camino de descubrimiento y reflejo, de dar a cada filoso matiz de Joker una nueva vuelta de tuerca, donde se produce la expansión del sentido, que si bien es un tributo, es principalmente una creación propia, autónoma y singular: disparado por  la trama, las escenas, la genialidad actoral, el significado abrasivo y brutal de la película homenajeada, se desarrolla un poemario de una riqueza inusual, impactante,  impiadoso, que arremete con enorme fuerza tanto sobre los sentidos como sobre la conciencia. Duscurriendo por las aparentes incoherencias de una mente que ha perdido discernimiento o que ha comprendido que el supuesto discernimiento no es más que otra  falsa conclusión. En cuanto a la forma en que está planteado, podríamos imaginar  una introspección del mismo personaje, una inmersión en sus pensamientos más profundos, pero también podríamos suponer la mirada de un espectador involucrado que se asimila con el personaje para poder hablar de él  sin ser descubierto. O más precisamente, una alternancia de ambas cosas, como si la mirada del autor entrara y saliera del personaje, y desde esa dualidad nos marcara la creciente disociación entre lo que Arthur es y cómo se ve. Por ejemplo cuando dice:“that’s not funny Arthur/makes no cents ‘cause he was fired/don’t have a penny in my pocket”, y en otros fragmentos similares.

 

Estas son, simplemente, mis conjeturas.  Si bien el texto transita por lo que aparece como una ruptura con la realidad de su entorno, como un derrumbe de los últimos elementos que lo  vinculan al andamiaje social, a su posibilidad de vivir en un medio del cual ya se siente completamente ajeno, también puede entenderse como el establecimiento de un nuevo vínculo con la realidad, que esa misma ruptura precipita; un vínculo más conflictivo pero más genuino, en el que lo que está mal, lo que está dañado, se presenta con síntomas personales, internos, del protagonista, pero cuyas causas se sitúan afuera, en un  mundo que agrede, somete y lastima.

 

Es en estas reflexiones poéticas donde The Joke va tomando, si fuera posible, distancia de la obra homenajeada y cobra valor en si misma, en el encadenamiento de  una secuencia de poemas que llama la atención sobre los distintos aspectos del sufrimiento humano y sus causas: la discriminación, el desprecio, la humillación, la vergüenza, la soledad; es una secuela, pero una secuela que ya ha sido parida, y se ha separado del cuerpo matriz; asume decididamente su propia identidad, oríginal y autosuficiente

 

Por lo tanto, no nos confundamos: Joker es una película magistral, dirigida por Todd Philips y protagonizada por Joaquin Phoenix; The Joke es un magnífico, asombroso libro de poesía escrito por Melisa Mauriño.

Alejandro Méndez Casariego

Febrero de 2020

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